Suelo

Materiales, formas y procesos del medio inerte: Geología y Geomorfología.

Estructuralmente los Arribes forman parte de las penillanuras hercinianas del suroeste de la región, formadas esencialmente por materiales graníticos. Estas penillanuras son el resultado de la acción de procesos erosivos, de descomposición y alteración de la roca, acaecidos durante millones de años, porque si bien el granito es una roca habitualmente considerada como dura, no es menos cierto que según su estructura y compactación, si se dan los factores precisos, llega a fragmentarse y descomponerse con notable facilidad. Entre estos factores podemos citar la existencia de diaclasas.

Los granitos sometidos a las fuerzas tectónicas y a enfriamientos desarrollan procesos de microfacturación que dan lugar a fracturas internas de las rocas con tamaños comprendidos entre los milímetros y los centenares de metros. Las diaclasas pueden constituirse en líneas maestras por las que discurren caprichosos trazados de los ríos y permiten ahondar a los agentes físicos y químicos que actuando sobre la materia potenciarán su degradación.

El modelado de los granitos producen diferentes formas en el paisaje de los Arribes. Masas compactas de granito, pueden formar potentes domos rocosos de paredes verticales. Grandes diaclasas verticales pueden promover la exfoliación de la roca madre en lajas. Granitos de grano grueso y fracturado permiten la formación de laderas de fuertes pendientes.

En otras zonas, principalmente en el suroeste, los materiales ígneos dan paso a las pizarras, las cuarcitas y las grauvacas del Cámbrico, de comportamiento morfológico muy diferente ante los agentes erosivos. Los riachuelos van a formar sinuosos valles de pendientes más suaves.

Aptitud de los suelos para la agricultura.

Estas diferencias de materiales van a tener su reflejo y correspondencia tanto en la agricultura como en las especies vegetales que se van a desarrollar en cada una de las unidades paisajísticas de la zona.

La agricultura de Arribes es el resultado de las condiciones naturales. Dificultades y ventajas han sido dominadas por una parte y potenciadas por otra para conformar un sistema agrario, peculiar en Castilla y León, que ha aprovechado la mayor integral térmica, especializándose en producciones que requerían mayores temperaturas, y que ha sabido paliar la falta de suelo, mediante técnicas agrícolas apropiadas.

Los suelos, resultado de la descomposición de los granitos, son poco desarrollados, ácidos y de escasa productividad.

Las pendientes impiden el aprovechamiento directo de la tierra, si no es mediante el abancalamiento. Transversalmente a la ladera se colocan muretes de contención realizados con los cantos de granito o de pizarra disponibles, que retienen el escaso suelo existente formando terrazas que permiten el uso agrícola.

La rentabilidad económica de este tipo de explotaciones agrícolas es muy baja, por lo que se ha producido el abandono progresivo de gran parte de ellas.

Los cultivos diferenciadores de Arribes son el olivar, los frutales, y el viñedo, aprovechamientos, típicamente mediterráneos, que conforman el paisaje. Puntualmente, cabe destacar la presencia de algunos naranjos en las zonas más favorecidas.

El olivar ocupa alrededor de 1.400 ha. Se extiende desde Ahigal de los Aceiteros en el sur de los arribes salmantinos, hasta Villarino de los Aires, en la raya con Zamora, donde adquieren relevancia en Fermoselle, ya en las Arribes zamoranas. En la actualidad la producción olivarera está dirigida principalmente al autoconsumo y la mayor parte del olivar no recibe los cuidados oportunos, recogiéndose únicamente la aceituna de los árboles más próximos o más accesibles, que se transforma en almazaras existentes en la zona.

Los frutales ocupan algo más de 2.000 ha. Se cultivan solos o en asociación con viñedos u olivos. El más característico es el almendro.

El viñedo es el cultivo que ha proporcionado mayor riqueza en los Arribes. Alrededor de 3.000 ha se concentran entre Villar del Buey, Zamora, y Aldeadávila de la Ribera, Salamanca, siendo el centro indiscutible el municipio zamorano de Fermoselle. Se cultiva tanto en zonas llanas como en las pendientes abancaladas. Las variedades de uva más empleadas son Malvasía y la autóctona Juan García.

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