Fariza volvió ayer a ser el centro de una de las romerías más singulares del ciclo provincial. Miles de personas se congregaron en el bello pueblo sayagués para participar en la fiesta romera de Los Viriatos para honrar a la patrona del Bajo Sayago: Nuestra Señora del Castillo. Desde bien pronto olía a fiesta en Fariza, hasta donde se desplazaron vecinos de los pueblos de Cozcurrita, Badilla, Palazuelo, Mámoles, Argañín, Tudera y Zafara, que acudieron con sus respectivos pendones de más de seis metros de altura. En un ceremonial bien organizado fueron llegando los representantes de cada unos de los pueblos para renovar el hermanamiento en el pueblo de Fariza al son de la música y los cohetes.
El intenso calor no amilanó a las miles de personas que asistieron a la jornada romera, soportando temperaturas elevadísimas pero compensadas con la vistosidad de la fiesta que tuvo su momento más atractivo en la procesión de los romeros que acompañaron a la Virgen, patrona del Bajo Sayago, y cargaron Los Viriatos desde la parroquia de Fariza hasta la ermita de la Virgen del Castillo. La procesión iba encabezada por Los Viriatos, seguida de las Cruces Parroquiales, los estandartes de cada uno de los pueblos -Santa María Magdalena, de Cozcurrita; La Expectación, de Badilla; San Benito, de Palazuelo; San Pedro, de Mámoles; San Pelayo Mártir, de Argañín; San Pedro, de Tudera, y el de Zafara- a los que hermana la romería y los devotos rodeando la imagen mariana a lo largo de los tres kilómetros del recorrido hasta llegar al templo. Hacia las siete de la tarde se inició el regreso a Fariza y la despedida a los pueblos visitantes.
Previamente, por la mañana, se había celebrado una multitudinaria misa en el frontón de la Plaza Mayor amenizada por un grupo de folclore. Después de la celebración religiosa, los asistentes disfrutaron de un rato de asueto y recorrieron los puestos situados en las inmediaciones de la Iglesia para buscar más tarde un lugar fresco donde poder comer.
Los mozos portan enormes pendones hasta la ermita del Castillo
La romería de los Viriatos tiene por escenario uno de los más bellos rincones de los Arribes sayagueses. Hasta allí se desplazan cada año miles de personas, atraídos unos por el fervor popular a la patrona del Bajo Sayago y otros por la vistosidad y el arraigo del encuentro de los pendones que hermana a ocho pueblos de la comarca. La religiosidad, la música y la cultura tradicional se entremezclan en la fiesta romera que se celebra cada primer domingo de junio y que llama la atención por los grandiosos estandartes portados por una persona y que constan de un mástil de madera de chopo de unos seis metros de altura en la que ondea una bandera blanca con el escudo de la parroquia a la que pertenecen. Los Viriatos son transportados por un mozo, al que otros tres ayudan mediante «vientos» de soga de cáñamo a mantenerlos erguidos. La ermita de la Virgen del Castillo, enclavada e los arribanzos y con bellísimas vistas a un Duero encañonado, es el escenario de los actos de la tarde.